martes, 29 de diciembre de 2020

LA INTENCIÓN NO BASTA

Metas visibles 

Ya se ha dicho de mil maneras que el 2020 ha sido un año trágico para muchos y muy difícil  para la mayoría, pero también hay motivos para agradecer.  Desde hechos como mantener el trabajo, no enfermarse, poder ayudar a alguien, hasta aprender a manejar la soledad o la compañía forzada, a vivir con menos y apreciar más lo que tenemos. 


Ahora en el umbral del 2021, tan esperado, nos encontramos ante lo insólito: la pandemia no solo sigue, sino con más fuerza.  Parece pesadilla, o película de terror, pero no, es real...  tan real como que mientras nos toca la vacuna, cuidar la salud seguirá siendo el propósito central para el año que empieza.


Es tiempo de definir qué queremos lograr el 2021.  Yo desistí de hacer una fabulosa lista de “propósitos para el próximo año“, porque la intención no basta, resulta que cada año eran casi los mismos que no había cumplido del anterior.


En lugar de una lista, puedes hacer un collage con imágenes que representen lo que quieres lograr .  Si es cambiarte de casa, pon imágenes de casas como la que quieres, o quieres un nuevo empleo?, busca imágenes de lo que te gustaría hacer, y lo mismo si te propones hacer ejercicio, comer sanamente o dejar de fumar... busca, imprime y pega imágenes alusivas en un cartón grande .


El resultado final es algo como esto.  Colócalo  en un lugar donde puedas verlo diario, para que lo registres aún sin darte cuenta y verás como las cosas se irán acomodando para moverte en esa dirección, lo cual te animará a seguir adelante hasta alcanzar tus propósitos, o algunos de ellos, con los cuales tu mente y tu corazón estén más alineados.  

sábado, 26 de diciembre de 2020

¿QUÉ PASÓ CON EL AÑO?

HIT AND RUN

Casi 12 meses ya pasaron, nos atropellaron y se escaparon, dejándonos como víctimas de un hit and run.  Apenas nos estamos levantando y tallando el golpe, cuando ya se está acabando el año, dejando expuesta nuestra fragilidad, recordándonos diariamente que no somos inmortales, que estamos tan expuestos como el vecino.   

Algo se movió por dentro y sucedió que al verte en el espejo sin maquillaje o sin rasurar, al notar el veteado blanco de las canas, sientes orgullo por los años vividos, por haber llegado a donde estás. Volteas hacia atrás, ves las batallas ganadas y cómo te has mantenido en pié, aunque el cansancio te pese más,  aunque tu pulso no sea tan firme, o tu voz se quiebre, aunque a veces dudes y tengas miedo. 
Reconoces la misión cumplida cuando los  hijos vuelan con sus propias alas, tus padres se han ido y tú eres una feliz abuela o abuelo, a quien fácilmente se le llenen los ojos de lágrimas, y fácilmente se ríe; que sabe que cada surco en su cara representa  experiencias vividas.  



Es 25 de diciembre en la mañana, la casa empieza a despertar y lo primero que escuchas son las voces de tus nietos que ya están jugando porque la noche anterior les llegaron sus regalos. Agradeces más que nunca la compañía  de tu familia esta Navidad y de los primos y amigos que a la distancia se mantienen conectados.

El año casi llega a su fin y el otoño también se despide... Los árboles con sus hojas caídas y sus ramas desnudas, anuncian que hay que resistir el frío, absorbiendo cada gota de agua de la tierra, siempre apuntando al cielo... Después vendrá la primavera, para recordarnos que todo pasa, que la vida sigue y que trae su propia agenda ...

viernes, 11 de diciembre de 2020

SOLTAR LASTRE

LA PESADILLA DE LA MUDANZA

Un cambio de casa es un cambio de vida, mudarse a otra ciudad, ni se diga,  y hacerlo después de los 60, es una hazaña.  Cuando tienes tantos años vividos, llenos de recuerdos, tu casa está llena de cosas, –he ahí donde empieza el problema.  

Hace 4 años llegué con dos de mis hijos, a un departamento, después de vender la casa que habitamos 24 años.  Yo juré que esa era la última mudanza que haría, pero parece que no me acordé a tiempo: mis hijos se independizaron y ya estoy nuevamente empacando mi vida en cajas.

Mudarse en renovarse, pero eso cuesta, porque hay que soltar lastre, o sea, tirar un montón de cosas.  Aunque se dice fácil, cuando te encuentras los apuntes del post grado que tomaste hace décadas, piensas ¿y si necesito consultar algo? cuando desde que los guardaste, ¡no los habías vuelto a ver!  Ah, pero ¿el diploma enmarcado del curso de marketing digital? ¡Pues digitalízalo!  

Y ya ni hablemos de la ropa, porque tu closet revienta y siempre te pones lo mismo. "No, ahora sí voy a usar este abrigo, si lo compré en El Corte Inglés", te dices sacudiéndole el polvo al gancho para colgarlo de regreso.

Así va el diálogo en tu cabeza, mientras empiezas a acumular cosas sobre el suelo, y tienes que brincarlas para ir por otra caja, cuando  te acuerdas que tienes que hablarle a tu hija y... ¿dónde dejé el celular?  Empiezas a buscarlo –por enésima vez–, entonces te da calor, te duele la espalda y de pronto sientes el cansancio... te quedas parada en medio del caos y te dan ganas de llorar.

Te deprimes porque ya no te queda energía para enojarte, así que te arrepientes y te entra la culpa por andar emprendiendo hazañas, en lugar de estarte quieta como una abuelita tejiendo o haciendo rompecabezas.  Luego viene el shock que te paraliza, hasta que siempre sí te enojas, quieres quemarlo todo, pero no sabes por dónde empezar... y finalmente, te derrotas, aceptas que así son las mudanzas y decides darte un descanso. 

"Pero eso sí", te dices con férrea determinación, "juro que ésta sí, es la última vez que me mudo".

  

POR LAS CALLES DE LA MEMORIA

  SONIDOS DEL PASADO El silbato del carrito de los camotes, el sonar de la campana de la basura, la voz grave del que anuncia “el gaaaas”, l...