lunes, 22 de abril de 2019

LA CANCIÓN NO ESCRITA...

Mujer de seis décadas

Ricardo Arjona le cantó a la señora de las cuatro décadas, aquella que "deja huellas por donde camina, que la hacen dueña de cualquier lugar",  pero no hay una canción en español, al menos que yo conozca, alusiva a las mujeres de cinco décadas, mucho menos de seis...

¿Será como se dice de manera casual, que al llegar a cierta edad, parece que las mujeres nos volvemos invisibles?  Como si al pasar la barrera de los 50 y los 60 años, entráramos a otro mundo, el de la menopausia y el envejecimiento.  Pues no es nada casual, porque a partir de ahí, conforme siguen pasando los años, se nos van restando puntos. 


¿Mujeres invisibles?

Yo veo tres causas:  una, la etapa reproductiva que ya quedó atrás, está sobrevalorada; dos, se supone que el papel económico de las mujeres mayores es limitado; y tres, los parámetros de la belleza femenina en nuestra sociedad, están ligados a la juventud.  En la publicidad solo se ven rostros femeninos con arrugas y canas, cuando se trata de vendernos algo, –"algo" que promete devolver la lozanía, la frescura del cutis joven–  si no, no somos objeto de mayor atención.

Y sin embargo, en este último tramo del camino, somos dueñas y señoras de nuestra vida, tenemos la sabiduría de la experiencia y mayor conciencia y creatividad que en la etapa de juventud.   Podemos vernos a nosotras mismas, escribir nuestra propia historia... nuestra propia canción...



Hay canciones sobre la mujer en la tercera etapa de la vida, pero se refieren a la figura de la madre y de la abuela, no a la mujer en todas sus facetas, la que no por ser abuela, deja de ser romántica, no porque la memoria le falle, deja de recordar, no porque se canse más, deja de bailar, ni por peinar canas, deja de ser activa y productiva.



Platicando con amigas y hermanas, surgió la idea de crear la letra para esa canción, que refleje la vida y la esencia de la mujer que está consciente de que ha vivido más tiempo del que le queda, acepta que ya no ve sin anteojos, que no hay colágeno, ni vitaminas que devuelvan la juventud, y que sabe vivir a sus anchas y plena de amor, el que ha dado y el que ha recibido...





lunes, 18 de marzo de 2019

LA RUTINA ¡NOS ANIQUILA!


RENOVARSE... O MORIR


SI hay algo que puede hacernos viejos rápidamente es vivir todos los días lo mismo, "en el lugar de siempre... y con la misma gente"‒como canta Juan Gabriel‒ hacer, pensar y sentir lo mismo de siempre y tener las mismas reacciones emocionales...

La rutina nos convierte en autómatas, que puede ser bueno para manejar un coche, pero no para responder a una situación repitiendo las reacciones que el cuerpo y la mente han aprendido y memorizado de tanto recorrer el caminito.

¿Se acuerdan del famoso perro de Pavlov?  
El pobre perro que salivaba en automático al escuchar una campana que anunciaba la comida, aunque ya no le dieran alimento.  Pues, ni más, ni menos, nuestro cuerpo está condicionado  a producir cierta química, ya sea  de enojo,  miedo, o tristeza, por ejemplo, sin que la respuesta pase por la mente consciente.

Por eso nos cuesta tanto cambiar cualquier conducta, porque cuando nos damos cuenta, ¡ya reaccionamos!  Y así nuestro cerebro  va perdiendo plasticidad y empieza a envejecer y a fallarnos.  Se requiere casi una terapia de shock para despertarlo  y mantenerlo alerta. 



Renovarse o morir, como el águila que a los 40 años, se arranca el pico y las uñas para que le crezcan nuevas y poder sobrevivir.  Nosotros no podemos "arrancarnos" de  nuestro trabajo o nuestras relaciones cotidianas, pero sí podemos encontrar maneras de variar la rutina.  Aquí van algunas sugerencias que ayudan a desactivar el piloto automático y estar conscientes:


  • Probar formas distintas de realizar el mismo trabajo
  • Tomar rutas nuevas para llegar a donde vamos
  • Conocer gente diferente y hacer nuevos amigos
  • Reír y reír (la risa favorece la presencia consciente y la salud)
  • Practicar un deporte o una afición nueva
  • Aprender cosas nuevas
Por último, lo mejor, hacer un viaje solo, es la manera ideal de salirse de la rutina, dejando atrás tu zona de confort.   Tomarte un tiempo lejos de todo y todos los conocidos es la mejor oportunidad para desactivar los patrones emocionales del pasado y reinventarte. 

Y que me perdone Juan Gabriel, pero se trata de que "tú al volver, SÍ encuentres algo extraño y NO sea como ayer" aunque él siga esperando...


domingo, 3 de marzo de 2019

VIDA MAS ALLÁ DEL CIBERESPACIO

LA PESADILLA DEL CELULAR

La tecnología es una maravilla, que a veces se convierte en pesadilla...


O será que los de mi generación,  clasificados como los  babby boomers, que no crecimos en esta cultura cibernética, aunque le hemos echado ganas y seso, difícilmente manejamos un dispositivo o nos sentamos frente a una computadora con la seguridad de los nacidos después de 1968, llamadas generaciones X, Y, Z y los famosos  millennials.


Pero ¡tiene su encanto!  ¿Cuándo nos íbamos a imaginar poder comunicarnos, informarnos, hacer compras y entretenernos a través de un pequeño aparato que nos acompaña a todas partes?  ¿O que podríamos trabajar sin problema desde la propia casa o llevar nuestra oficina con nosotros de viaje?  Sólo falta tener vehículos voladores para estar viviendo como Los Supersónicos porque ya la robótica también es una realidad.


Sin embargo,  tanta maravilla tiene su precio, y no me refiero a  los conocidos riesgos de inseguridad, invasión de la privacidad y a la ciberadicción,  sino a otros efectos sutiles.  

Al mismo tiempo que cada dispositivo nos presta un servIcio invaluable sin el que ya no podríamos vivir, también representa un dolor de cabeza cada vez que tenemos que dilucidar una nueva función, por ejemplo, si no sabes usar el power point y decides –por qué no– hacer una presentación de diapositivas  al cabo para eso hay tutoriales.


Entonces, resulta que en algún punto te atoras y te quedas ahí clavado descifrando cómo hacer lo que quieres,  hasta que de pronto te das cuenta que ya pasaron horas, que tienes entumido hasta el pelo, te duele la espalda y no has comido.  

El hecho es que conectados a internet y trabajando en una computadora, entramos en un estado en el que no estamos conscientes de nuestro cuerpo, la percepción del tiempo se altera y sin darnos cuenta, podemos pasar demasiadas horas frente a una pantalla.  

Cuando un día cualquiera tienes 80 correos electrónicos, 100 mensajes por whatsapp, otros tantos por messenger, más notificaciones en facebook e instagram, todo ahí en el celular, te das cuenta que no puedes vivir conectado, que la vida, está en nuestra conciencia y en el entorno inmediato, en la interacción con otros, en estar cara a cara, escuchar su voz, movernos... y eso es una maravilla...


domingo, 17 de febrero de 2019

RECORRIDO POR LA LOIRE


CON UN GUÍA INESPERADO...

Francia, abril 2018


Si alguien me hubiera dicho que viajaría en auto por el valle de La Loire, al lado de un desconocido de 85 años que maneja a gran velocidad, con quien me entiendo casi a señas, no lo hubiera creído.   Y sin embargo ahí estaba, con Germain, que no habla otro idioma más que el francés, mientras yo tardo media hora en armar una frase en la lengua de mis antepasados y cuando por fin la digo, sin ningún dominio de la fonética, no me entiende una palabra...

Es el papá de una amiga de Niza, que me hospedó amablemente en su casa y se convirtió en compañero de una aventura insólita.  Gracias a él he tenido la oportunidad de conocer desde dentro el fondo y la forma de vida de la gente en la campagne del centro de Francia y visitar los maravillosos castillos de la región.
Germain, viudo desde hace tres años, se prepara solo sus comidas, evita utilizar el micro ondas, tiene una tablet que ya no recuerda ni cómo se prende y hasta ahora, está estrenando la cámara de su celular que le enseñé a usar. Es un hombre sencillo, que  en cada rincón de su casa  conserva  un recuerdo de la esposa difunta: flores ya descoloridas, muñecas vestidas con encajes, una vitrina con adornos empolvados y un viejo reloj que suena cada media hora.



Chenonceau


En nuestras excursiones por lo castillos de La Loira, recorriendo carreteras que serpentean entre campos verdes, de pronto nos encontramos perdidos en la dirección contraria a nuestro destino,  gracias a un GPS de la era cavernícola.

Cuando nos paró un policía por exceso de velocidad,  tuve la impresión de que aquello bien podía ser un sueño, que me iba a despertar en mi cama, en el departamento  donde vivo en la ciudad de México.  Muchas cosas tienen  que  suceder antes,  infinidad de hilos que se cruzan, para que lleguemos a vivir  ciertos momentos y experiencias extraordinarios. 

El día de mi partida, dejé a mi amigo Germain parado en el andén de la estación en Tours, cuando el tren arrancaba y él, despistado como anda por la vida, volteaba hacia otra parte, por lo que ya no me vio decirle adiós con la mano…  

Au revoir, mon cher Germain...



viernes, 8 de febrero de 2019

ENCUENTRO EN LOS ALPES

De turista en el panteón


Francia, mayo 2018.

Cuando vi el nombre en la tumba, el impacto fue como si mi propio bisabuelo se me hubiera aparecido en aquel cementerio abandonado en lo alto de los Alpes Franceses, donde estoy parada frente a la lápida donde se leía claramente mi apellido.


Así empezó el intenso día en  Barcelonnette, con el hallazgo de la tumba de un hermano de mi bisabuelo, Thèophille Ricaud,  junto a la iglesia de Uvernet, un pueblo de 600 habitantes.
En este valle de los Alpes franceses, empezó a escribirse la historia de mi familia, cuando mi bisabuelo decidió partir a buscar fortuna al otro lado del Atlántico, como muchos paisanos suyos que migraron a México, se hicieron ricos y regresaron después a Barcelonnette.  Mi bisabuelo ni se hizo rico, ni volvió a su tierra, pero dejó una larga descendencia mexicana.


Rastreando la huella de mis ancestros en una página de genealogía francesa, ubiqué a un único pariente que vive todavía en esta región de las montañas, un tío abuelo que me recibió amablemente, sin entender bien quién era yo, pero sacó un álbum de fotografías y desenrolló el largo pergamino de su árbol genealógico para encontrar la rama común


Y la encontramos, aunque él tenía apenas un vago recuerdo de ese personaje legendario de la familia, hermano de su abuelita, que se había ido a México y nunca regresó.  Ciento veintiocho años después, ahí estaba yo, una bisnieta mexicana de aquel tío olvidado.

Un encuentro extraño, confuso por el problema del idioma y divertido, una parte inolvidable de mi búsqueda y de mi viaje hasta los Alpes franceses.

Salí de la visita y respiré el aire de la montaña por cada poro de la piel, contemplé el paisaje, el mismo que veían mis antepasados todos los días, e imaginé la tristeza de mi bisabuelo cuando dejó para siempre su tierra, donde están parte de mis raíces más antiguas, y partió a un mundo totalmente desconocido, a echar nuevas raíces. Tuve la sensación de tender lazos a través del tiempo con quienes comparto un incógnito y remoto pasado común...

Me despedí de Barcelonnette, llevándome en el corazón la imagen de esas cumbres nevadas que custodian la quietud del valle, y entonces me vino un pensamiento, si mi bisabuelo se hubiera quedado por allá, otra sería la historia y no sería yo quien la contara...

LA CANCIÓN NO ESCRITA...

Mujer de seis décadas Ricardo Arjona le cantó a la señora de las cuatro décadas, aquella que "deja huellas por donde camina, que la ...