domingo, 3 de marzo de 2019

VIDA MAS ALLÁ DEL CIBERESPACIO

LA PESADILLA DEL CELULAR

La tecnología es una maravilla, que a veces se convierte en pesadilla...


O será que los de mi generación,  clasificados como los  babby boomers, que no crecimos en esta cultura cibernética, aunque le hemos echado ganas y seso, difícilmente manejamos un dispositivo o nos sentamos frente a una computadora con la seguridad de los nacidos después de 1968, llamadas generaciones X, Y, Z y los famosos  millennials.


Pero ¡tiene su encanto!  ¿Cuándo nos íbamos a imaginar poder comunicarnos, informarnos, hacer compras y entretenernos a través de un pequeño aparato que nos acompaña a todas partes?  ¿O que podríamos trabajar sin problema desde la propia casa o llevar nuestra oficina con nosotros de viaje?  Sólo falta tener vehículos voladores para estar viviendo como Los Supersónicos porque ya la robótica también es una realidad.


Sin embargo,  tanta maravilla tiene su precio, y no me refiero a  los conocidos riesgos de inseguridad, invasión de la privacidad y a la ciberadicción,  sino a otros efectos sutiles.  

Al mismo tiempo que cada dispositivo nos presta un servIcio invaluable sin el que ya no podríamos vivir, también representa un dolor de cabeza cada vez que tenemos que dilucidar una nueva función, por ejemplo, si no sabes usar el power point y decides –por qué no– hacer una presentación de diapositivas  al cabo para eso hay tutoriales.


Entonces, resulta que en algún punto te atoras y te quedas ahí clavado descifrando cómo hacer lo que quieres,  hasta que de pronto te das cuenta que ya pasaron horas, que tienes entumido hasta el pelo, te duele la espalda y no has comido.  

El hecho es que conectados a internet y trabajando en una computadora, entramos en un estado en el que no estamos conscientes de nuestro cuerpo, la percepción del tiempo se altera y sin darnos cuenta, podemos pasar demasiadas horas frente a una pantalla.  

Cuando un día cualquiera tienes 80 correos electrónicos, 100 mensajes por whatsapp, otros tantos por messenger, más notificaciones en facebook e instagram, todo ahí en el celular, te das cuenta que no puedes vivir conectado, que la vida, está en nuestra conciencia y en el entorno inmediato, en la interacción con otros, en estar cara a cara, escuchar su voz, movernos... y eso es una maravilla...


domingo, 17 de febrero de 2019

RECORRIDO POR LA LOIRE


CON UN GUÍA INESPERADO...

Francia, abril 2018


Si alguien me hubiera dicho que viajaría en auto por el valle de La Loire, al lado de un desconocido de 85 años que maneja a gran velocidad, con quien me entiendo casi a señas, no lo hubiera creído.   Y sin embargo ahí estaba, con Germain, que no habla otro idioma más que el francés, mientras yo tardo media hora en armar una frase en la lengua de mis antepasados y cuando por fin la digo, sin ningún dominio de la fonética, no me entiende una palabra...

Es el papá de una amiga de Niza, que me hospedó amablemente en su casa y se convirtió en compañero de una aventura insólita.  Gracias a él he tenido la oportunidad de conocer desde dentro el fondo y la forma de vida de la gente en la campagne del centro de Francia y visitar los maravillosos castillos de la región.
Germain, viudo desde hace tres años, se prepara solo sus comidas, evita utilizar el micro ondas, tiene una tablet que ya no recuerda ni cómo se prende y hasta ahora, está estrenando la cámara de su celular que le enseñé a usar. Es un hombre sencillo, que  en cada rincón de su casa  conserva  un recuerdo de la esposa difunta: flores ya descoloridas, muñecas vestidas con encajes, una vitrina con adornos empolvados y un viejo reloj que suena cada media hora.



Chenonceau


En nuestras excursiones por lo castillos de La Loira, recorriendo carreteras que serpentean entre campos verdes, de pronto nos encontramos perdidos en la dirección contraria a nuestro destino,  gracias a un GPS de la era cavernícola.

Cuando nos paró un policía por exceso de velocidad,  tuve la impresión de que aquello bien podía ser un sueño, que me iba a despertar en mi cama, en el departamento  donde vivo en la ciudad de México.  Muchas cosas tienen  que  suceder antes,  infinidad de hilos que se cruzan, para que lleguemos a vivir  ciertos momentos y experiencias extraordinarios. 

El día de mi partida, dejé a mi amigo Germain parado en el andén de la estación en Tours, cuando el tren arrancaba y él, despistado como anda por la vida, volteaba hacia otra parte, por lo que ya no me vio decirle adiós con la mano…  

Au revoir, mon cher Germain...



viernes, 8 de febrero de 2019

ENCUENTRO EN LOS ALPES

De turista en el panteón


Francia, mayo 2018.

Cuando vi el nombre en la tumba, el impacto fue como si mi propio bisabuelo se me hubiera aparecido en aquel cementerio abandonado en lo alto de los Alpes Franceses, donde estoy parada frente a la lápida donde se leía claramente mi apellido.


Así empezó el intenso día en  Barcelonnette, con el hallazgo de la tumba de un hermano de mi bisabuelo, Thèophille Ricaud,  junto a la iglesia de Uvernet, un pueblo de 600 habitantes.
En este valle de los Alpes franceses, empezó a escribirse la historia de mi familia, cuando mi bisabuelo decidió partir a buscar fortuna al otro lado del Atlántico, como muchos paisanos suyos que migraron a México, se hicieron ricos y regresaron después a Barcelonnette.  Mi bisabuelo ni se hizo rico, ni volvió a su tierra, pero dejó una larga descendencia mexicana.


Rastreando la huella de mis ancestros en una página de genealogía francesa, ubiqué a un único pariente que vive todavía en esta región de las montañas, un tío abuelo que me recibió amablemente, sin entender bien quién era yo, pero sacó un álbum de fotografías y desenrolló el largo pergamino de su árbol genealógico para encontrar la rama común


Y la encontramos, aunque él tenía apenas un vago recuerdo de ese personaje legendario de la familia, hermano de su abuelita, que se había ido a México y nunca regresó.  Ciento veintiocho años después, ahí estaba yo, una bisnieta mexicana de aquel tío olvidado.

Un encuentro extraño, confuso por el problema del idioma y divertido, una parte inolvidable de mi búsqueda y de mi viaje hasta los Alpes franceses.

Salí de la visita y respiré el aire de la montaña por cada poro de la piel, contemplé el paisaje, el mismo que veían mis antepasados todos los días, e imaginé la tristeza de mi bisabuelo cuando dejó para siempre su tierra, donde están parte de mis raíces más antiguas, y partió a un mundo totalmente desconocido, a echar nuevas raíces. Tuve la sensación de tender lazos a través del tiempo con quienes comparto un incógnito y remoto pasado común...

Me despedí de Barcelonnette, llevándome en el corazón la imagen de esas cumbres nevadas que custodian la quietud del valle, y entonces me vino un pensamiento, si mi bisabuelo se hubiera quedado por allá, otra sería la historia y no sería yo quien la contara...

VIDA MAS ALLÁ DEL CIBERESPACIO

LA PESADILLA DEL CELULAR La tecnología es una maravilla, que a veces se convierte en pesadilla... O será que los de mi generación,  cl...